Antropía CanariaLa ciencia social de las islas: la antropología en Canarias, sus obras y el ANTUR

La gastronomía como patrimonio cultural

Gastronomía patrimonio cultural

La gastronomía es Patrimonio cultural cuando una comunidad defiende de forma colectiva su preparación, su consumo y su memoria como bien propio, no como un oficio privado, y esa condición de bien compartido es la que permite que la cocina pase a figurar en catálogos de Patrimonio cultural, en declaraciones de la UNESCO y en listas nacionales. En España la gastronomía se ampara como patrimonio inmaterial desde la Ley 10/2022, de 6 de junio, de Patrimonio Cultural Inmaterial, que añadió expresamente la "gastronomía" a los elementos protegibles y dotó el catálogo de 325 fichas a finales de 2024, de las cuales 61 son de gastronomía, la materia más numerosa del repertorio. La UNESCO, por su parte, ha inscrito 51 elementos culinarios en su lista representativa del patrimonio cultural inmaterial, cifra que incluye la dieta mediterránea, inscrita en 2010 por 11 Estados, y la dieta maorí de la Polinesia, inscrita en 2022 por 2 Estados.

Gofti de pan sobre una mesa de madera rustica, junto a un cuenco de queso y un plato de papas arrugadas.

Qué convierte a la cocina en patrimonio cultural

Para que una cocina sea reconocida como patrimonio cultural, la autoridad que evalúa la candidatura exige que el elemento satisfaga 3 condiciones: que exista una comunidad que lo transmita de generación en generación, que se practique con continuidad y no como pieza de museo, y que la comunidad reconozca en él una identidad propia. La UNESCO aplica estas exigencias mediante sus comités de evaluación y sus órganos de asesoría científica, y la Comisión del Patrimonio Cultural Inmaterial de España, que se reúne 2 veces al año, aplica el mismo esquema en su jurado de 7 expertos. En la práctica, el expediente de una cocina no se sustenta en 1 receta: reúne el relato de 3 o más familias o gremios, las fechas de las 4 o 5 celebraciones donde el plato se sirve, y la constancia de que el saber se ha transmitido en 3 generaciones vivas.

La distinción importa, porque un plato famoso no es automáticamente Patrimonio cultural. El patrimonio cultural en dibujos muestra el contraste: los grabados de cocina del siglo XIX documentan guisos que ya nadie prepara y nadie reclama como propios, mientras que un guiso vivo con transmisores activos puede entrar en el catálogo. La diferencia no está en el sabor sino en el estatus jurídico y social: el bien catalogado tiene protección, financiación y obligación de memoria.

Los 3 niveles de reconocimiento

La cocina accede al patrimonio a través de 3 niveles de reconocimiento, del más cercano al más lejano, y cada nivel añade 2 años de trabajo de documentación a la comunidad:

  • Registro local: el Ayuntamiento o el Cabildo de Canarias registra la fiesta, el guiso o el pan en su catálogo municipal o insular; es el nivel de entrada, con 1 visita de un equipo técnico y 4 meses de plazo medio de tramitación.
  • Catálogo estatal: la Consejería de Cultura de España inscribe el elemento en el Catálogo del Patrimonio Cultural Inmaterial, con expediente de 40 páginas y 7 años de vigencia hasta la siguiente revisión; 61 fichas de gastronomía lo componen hoy.
  • Inscripción internacional: la UNESCO inscribe el elemento en su lista representativa o en la Lista de salvaguardia urgente; la dieta mediterránea lleva 14 años inscrita, desde 2010.

Patrimonio cultural inmaterial: qué protege la norma

El patrimonio cultural inmaterial protege 5 ámbitos que la Convención de la UNESCO de 2003 definió y que la Ley 10/2022 trasladó al derecho español: las expresiones orales, las artes escénicas, las prácticas sociales y rituales, los saberes sobre la naturaleza y el universo, y los saberes vinculados a las técnicas artesanales, que es el ámbito donde se ubica la gastronomía. La norma protege el saber y la práctica, no el objeto: protege el oficio del panadero y la rúbrica de la plaza del pan, no el pan como mercancía. Esa es la frontera que la Comisión del Patrimonio Cultural Inmaterial revisa en cada expediente: si la candidatura describe un producto comercial, se devuelve; si describe una práctica comunitaria con transmisores nombrados, avanza.

NivelÁmbitoEjemplo canario o peninsularAño de referencia
LocalPráctica socialPan amasado en el horno comunal de una villa del interiorRegistro municipal activo
EstatalArte culinarioLa cocina de la matanza del cerdo, 1 de las 61 fichas de gastronomía del catálogoLey 10/2022
InternacionalPráctica social y ritualDieta mediterránea, inscrita por 11 Estados2010
InternacionalSaber culinario vivoDieta maorí de la Polinesia2022

Cómo documenta la asociación un elemento gastronómico

La asociación canaria de antropología social documenta el elemento con un método de 5 pasos, repetido en 4 comarcas, que parte del supuesto de que la cocina es patrimonio cultural solo cuando se demuestra que la comunidad la reclama:

  1. Cartografiar: ubicar 10 sitios de preparación o venta, del mercado municipal al horno de comarca, y anotar 3 fechas de máxima afluencia por sitio.
  2. Registrar: grabar 8 horas de entrevistas a 2 generaciones de cocineras y cocineros, y 4 horas de observación directa en la plaza.
  3. Transmitir: verificar que el saber llega a 3 generaciones vivas y que al menos 2 aprendices lo practican hoy sin ayuda de la generación mayor.
  4. Defender: presentar el expediente al registro local, con 15 páginas de ficha y 10 fotografías.
  5. Memorializar: entregar el fondo documental a 2 instituciones, el archivo del Cabildo y la universidad, para que el catálogo no dependa de 1 persona.

El método no califica el sabor. Califica el estatus: si la comunidad cumple las 3 condiciones, el expediente avanza de nivel; si no, el plato sigue siendo cocina local y nada más, que no es un juicio de valor, es un diagnóstico de patrimonio.

El patrimonio industrial y la mesa

El patrimonio industrial aporta a la gastronomía 2 activos: el espacio y el relato. En Canarias, donde el Patrimonio industrial de las minas de oro de La Orotava y del carbón de El Hierro conserva hornos, lavaderos y talleres, el museo de la mina se sostiene 3 días al mes con talleres de cocina en los que se preparan guisos de la dieta de los mineros: caldo de garbanzo con carne de ternera, pan del horno de leña y queso curado de la comarca. La cocina se convierte así en patrimonio viviente dentro de un edificio patrimonial, y el edificio gana 2 visitas por cada taller, porque el plato atrae a un público que el plano minero no atrae. En el norte de Tenerife, el registro de patrimonio industrial y minero cuenta hoy 22 elementos catalogados, y 6 de ellos acogen actividades culinarias al año.

La Lengua como patrimonio se cruzó con la cocina cuando se perdió el nombre canario de 14 guisos: las fichas del catálogo hoy se escriben en castellano porque el nombre propio, en dialecto o en gitanillo de la comarca, dejó de usarse. La defensa de la lengua y la defensa de la mesa son, en la práctica, el mismo expediente: ambos perecen cuando la comunidad deja de usarlos y ambos se recuperan cuando vuelve a usarlos.

Qué puede hacer una comunidad

Una comunidad puede iniciar hoy 2 trámites de patrimonio cultural sobre su cocina, y ninguno requiere abogado ni coste oficial. El primero es la solicitud de registro local ante el Ayuntamiento o el Cabildo, con una ficha de 1 página, 5 fotografías y la firma de 20 vecinos, y un plazo de 4 meses. El segundo es la adhesión a un expediente estatal ya abierto: el catálogo de 325 fichas admite nuevas aportaciones comunitarias en la revisión bianual, y la gastronomía, con 61 fichas, es la materia donde más se aceptan.

La cocina no es patrimonio por ser antigua ni por ser buena: lo es cuando una comunidad la reclama, la enseña y la defiende, y los 3 niveles de reconocimiento existen para que esa defensa deje de depender del buen ánimo de 1 persona y pase a depender de la norma.

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