Patrimonio cultural en el aula
Patrimonio cultural profa kempis designa la propuesta didáctica de la profesora Kempis para trabajar el patrimonio cultural en el aula: un conjunto de actividades, guías y recursos que convierte el entorno cercano del alumnado canario en materia de aprendizaje. La profesora Kempis, docente de referencia en la comunidad educativa de las Islas Canarias, estructura esa propuesta en torno a 3 bloques: la observación del entorno, el registro gráfico y la investigación de campo, que el profesorado adapta a cada etapa desde 2 años de educación infantil hasta el último curso de bachillerato. Esta página reúne esas dinámicas y los recursos de referencia que las acompañan, con especial atención a las fuentes del patrimonio industrial minero canario, el gran caso de estudio del programa.

Patrimonio cultural en el aula: qué es y cómo se trabaja
El patrimonio cultural en el aula es la forma de trabajar el patrimonio cultural como materia y como método: el alumnado no visita la historia, la reconstruye a partir de objetos, imágenes y testimonios de su propio entorno. La profesora Kempis lo define con 4 verbos que repite en sus guías: mirar, preguntar, registrar y explicar. En la práctica, una unidad dura entre 4 y 6 sesiones y parte de un objeto real o de su representación, pasa por una ficha de observación y termina en una producción del alumnado: un mural, un dossier o una presentación oral. La ventaja para el aula canario es doble: el material no se compra, se recorre, y el currículo se conecta con el paisaje que el alumnado conoce. Ese es el punto de partida de todas las dinámicas que siguen, desde la más sencilla hasta la que exige salir de la clase.
Actividades guiadas para cada etapa
Las actividades guiadas para cada etapa organizan la propuesta de la profesora Kempis por niveles, de modo que cada curso tiene una entrada propia sin perder el hilo común. La guía docente de referencia divide el trabajo en 4 bloques según la edad y el grado de autonomía del grupo.
- Primero de primaria (6 y 7 años): búsqueda del tesoro patrimonial en el barrio, con 10 tarjetas de objetos que el alumnado debe encontrar y fotografiar con la ayuda de la familia.
- Tercero de primaria (8 y 9 años): el museo de bolsillo, en el que cada alumno trae 1 objeto con historia y el grupo redacta la etiqueta de su pequeña exposición.
- Segundo de la ESO (13 y 14 años): el patrimonio industrial minero como caso de estudio, con visita a una antigua instalación, lectura de 2 testimonios de trabajadores y elaboración de una línea temporal con 12 hitos.
- Bachillerato (17 y 18 años): dossier monográfico sobre un elemento patrimonial local, con 5 fuentes documentales, 1 entrevista grabada y una exposición de 20 minutos ante otro grupo.
El orden importa: cada bloque introduce el registro gráfico antes que la interpretación, porque la profesora Kempis sostiene que la descripción viene antes que la opinión. Esa regla de 2 pasos, mirar y luego explicar, es la que convierte una salida escolar en una unidad didáctica.
Guías docentes y recursos de referencia
Las guías docentes de referencia son el soporte escrito que da estabilidad a la propuesta: cada guía describe el objetivo, el material, la secuencia de sesiones y la rúbrica de valoración. La colección de la profesora Kempis que circula entre centros canarios reúne 8 guías completas, de las que 3 están dedicadas íntegramente al patrimonio minero industrial. La guía base, de 24 páginas, incluye 6 fichas de observación reproducible y una tabla para planificar la salida de campo. Para el profesorado nuevo, el orden de lectura recomendado es: primero la ficha de objetivos, después la secuencia de 5 sesiones tipo y, solo al final, las rúbricas, que se aplican cuando la unidad ya se ha ensayado al menos 1 vez.
El patrimonio minero canario como caso central
El patrimonio industrial canario es el caso de estudio central del programa porque es el más abundante y el más cercano: las minas de barro rojo de El Hierro, explotadas desde el siglo XVII, y las de mercurio de La Orotava y La Victoria de Acentejo, en Tenerife, funcionan como laboratorio a pie de clase. En esas instalaciones el alumnado ve 3 capas superpuestas: la técnica (hornos, vetas, vagonetas), la social (barrios mineros, cooperativas, sindicatos) y la económica (exportaciones a Cádiz y a otros puertos). La rúbrica de la profesora Kempis pide que cada dossier de bachillerato documente al menos 1 dato técnico, 1 testimonio oral y 1 fuente documental de archivo, de modo que la triple evidencia sustituya a la anécdota. Ese mismo criterio se usa, con menos exigencia, en la salida de 2.º de la ESO, que se limita a la capa técnica y a 1 entrevista familiar.
Dibujos y lenguaje: dos registros del aula patrimonial
El registro gráfico y el lingüístico son los 2 instrumentos con los que el alumnado fija lo que ha visto, y la profesora Kempis los trata como patrimonio propio. El Patrimonio cultural en dibujos funciona como método: el alumnado dibuja antes de visitar, durante la visita y al volver al aula, y la comparación entre los 3 dibujos muestra lo que realmente ha cambiado en su atención. En paralelo, la Lengua como patrimonio entra en las unidades cuando el grupo trabaja con topónimos, refranes y vocabulario minero heredado, porque el habla local guarda memoria del paisaje que las fotos no alcanzan. Con 2 registros y 3 momentos de dibujo por unidad, la ficha final deja constancia de qué ha retenido cada alumno sin necesidad de examen escrito.
Cómo llevar la unidad a la práctica en 3 pasos
Para llevar la unidad a la práctica en 3 pasos, el profesorado sigue la secuencia corta que cierra las guías: preparar, salir, compartir. Primero se prepara el material en 1 sesión, con la ficha de observación impresa y la ruta recorrida 1 vez por el propio docente. Después se sale de campo: 2 horas bastan para el barrio y 1 mañana completa, con transporte, para una instalación minera. Al final se comparte: el grupo presenta sus registros, la clase elige 4 piezas para el mural permanente del centro y el docente puntúa con la rúbrica de 10 puntos. Con esta secuencia, una unidad completa cabe en 4 semanas lectivas y el resultado queda expuesto en el centro como prueba visible del trabajo, que es, según la profesora Kempis, el mejor argumento para repetir la experiencia el curso siguiente.