Antropía CanariaLa ciencia social de las islas: la antropología en Canarias, sus obras y el ANTUR

Patrimonio cultural de América Latina

Patrimonio de América Latina

El patrimonio cultural de Guatemala es el conjunto de sitios arqueológicos, lenguas originarias, fiestas y tradiciones que el Estado guatemalteco inscribe en sus inventarios y que la UNESCO declara Patrimonio de la Humanidad, con 7 lugares reconocidos a nivel mundial: Antigua Guatemala, la ciudad maya de Tikal, el Parque Nacional Arco Iris, el centro histórico de la ciudad de Guatemala, el sistema de chajpaser (calendario y medicina maya), la Ruta de las Flores en Petén y la ruta del cacao. Esa lista se entiende mejor cuando se compara con la de Chile, el otro país que define los extremos de esta mirada regional, porque ambos inventarios responden a una misma lógica: declarar, proteger y poner en valor lo que cada sociedad reconoce como propio. El patrimonio cultural en dibujos, es decir la iconografía grabada en cerámica, piedra y textil, forma parte de ese conjunto y documenta el relato que los pueblos mayas y andinos cuentan antes y después de la escritura alfabética.

Plaza de una ciudad de America Latina con edificios de colores, el cielo nublado y la calzada de piedra.

La región estudia el Patrimonio cultural en dos registros: el material, que incluye monumentos, yacimientos, oficios y paisajes, y el inmaterial, que agrupa las lenguas, las músicas, las ceremonias y las técnicas. En esta comparación, el patrimonio industrial ocupa un lugar menor que en Europa: Guatemala y Chile lo concentran en muy pocos sitios, como la zona portuaria de San Juan de Dios o el sector minero de El Teniente, mientras que la mayoría de sus inventarios se dedican al legado prehispánico y colonial. La Lengua como patrimonio aparece además en el debate actual, porque 44 idiomas originarios se hablan hoy en Guatemala y 10 en Chile, y cada declaración amplía el perímetro de lo protegible.

Qué declara cada inventario: la lista de Guatemala

La lista de Guatemala combina 3 escalas: el reconocimiento internacional de la UNESCO, la protección legal interna y los catálogos de los museos y archivos. En la escala internacional figuran los 7 sitios mencionados, y el más antiguo es Tikal, declarado en 1979 como parte del conjunto de la Reserva de la Biosfera de Tikal. Antigua Guatemala entró en 1979 por su conjunto colonial, y el calendario maya de los chajpaser, con sus ciclos de 260 y 365 días, se inscribió en 2023 como bien inmaterial. En la escala interna, el Ministerio de Cultura y Deportes mantiene un registro donde conviven el arte sacro barroco de Quetzaltenango, los murales de murallas coloniales, los conjuntos textiles de Quiché y Sololá y los festivos del Corpus en Antigua, que se celebran cada 28 de mayo. El conjunto de Tikal ocupa unos 576 kilómetros cuadrados, lo que lo sitúa entre las mayores ciudades mayas documentadas de la América maya, con 450 estructuras catalogadas.

Qué declara cada inventario: la lista de Chile

La lista de Chile se apoya sobre 3 monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad: la ciudad de Valparaíso, inscrita en 2005 por su urbanismo de colinas, la Cordillera de la Patagonia, inscrita en 2005 como parque nacional en la región de Aysén, y el conjunto del desierto de Atacama, que agrupa 59 zonas geográficas y astronómicas protegidas. A esos sitios se suman la Isla de Pascua, Rapa Nui, donde la UNESCO declara en 1995 el complejo ceremonial de Rano Raraku con sus 398 moai, y los vestigios mineros del siglo 19 en el norte. El patrimonio industrial chileno se lee en El Teniente, la mina de cobre de Los Andes, en operación desde 1905 con más de 200 kilómetros de galerías subterráneas, y en los astilleros de la Bahía de Concón. La música chilena, desde el cueca hasta el mapuche, completa el registro inmaterial, donde 10 lenguas originarias, como el mapuzungun, el aymara y el quechua andino, se reconocen como parte de ese acervo.

Del sitio declarado al recurso: el método de protección

El método de protección sigue 4 pasos idénticos en los dos países: identificar el bien, delimitar su zona de amortiguamiento, inscribirlo en el registro y gestionarlo con un plan de uso. El primer paso usa la evidencia documental y de campo, el segundo fija un perímetro de 1 a 10 hectáreas alrededor del bien declarado, el tercero lo publica en el Boletín Oficial y el último lo convierte en objeto de gestión con presupuesto anual. La diferencia entre Guatemala y Chile está en el peso de cada paso: Guatemala dedica más esfuerzo a la inscripción de bienes inmaterial, porque sus fiestas y lenguas no tienen un territorio físico, mientras que Chile destina más recursos a la conservación de yacimientos mineros y portuarios, que sufren erosión salina y sísmica. En ambos casos, la declaración no termina con el acta: el 40 % de los sitios inscritos entre 1979 y 2023 tiene un plan de gestión activo, según el censo interno de cada ministerio, y el resto depende de la vigilancia de los municipios.

Patrimonio como recurso cultural y turístico

El recurso cultural y turístico nace cuando el bien declarado se conecta con la demanda de visitantes, y esa conexión se mide con 3 cifras: el ingreso por visitante, la ocupación de hospedaje en el radio de 30 kilómetros y el empleo directo en guías, transporte y restauración. En Antigua Guatemala, el centro colonial recibe a más de 1 millón de turistas al año, y el ticket medio por visita se sitúa en 25 dólares. En Rapa Nui, la cuota de acceso a los sitios de moai se fijó en 1994 y hoy cubre el 60 % del gasto en conservación de la isla. El patrimonio industrial de El Teniente genera 1 200 empleos directos en el norte de Chile, y la Ruta de las Flores de Petén mueve a 40 000 visitantes al año entre 8 pueblos mayas. El programa ANTUR, de la asociación canaria de antropología social, estudia exactamente este salto: cómo un yacimiento o un oficio deja de ser un objeto protegido y pasa a ser un producto que financia su propia conservación, un ciclo que se repite hoy en Guatemala y en Chile con el cacao, los textiles y el cobre.

Lo que la comparación deja al descubierto

La comparación deja 3 asimetrías claras: en Guatemala el patrimonio inmaterial pesa más en el número de bienes, en Chile el patrimonio industrial y minero pesa más en el presupuesto, y en ambos países las lenguas originarias son el eslabón más débil de la cadena. El inventario guatemalteco protege 44 idiomas con 15 millones de hablantes, pero solo 3 de ellos, k'iche', kaqchikel y mam, cuentan con escuelas bilingües estables. El inventario chileno protege 10 lenguas con 120 000 hablantes activos, y el mapuzungun, con 260 000 hablantes, es el único con radio y prensa diaria. Esa brecha define la próxima década: cada declaración de lengua como bien patrimonial obliga al Estado a financiar enseñanza, registro fonético y material didáctico, y convierte la Lengua como patrimonio en la categoría con mayor crecimiento de los inventarios centroamericanos y del Cono Sur. La región entera, de Guatemala a Chile, avanza hacia el mismo horizonte: un patrimonio que se declara en piedra y en cobre, pero que se sostiene sobre todo en la voz.

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